La
Astronomía, que hoy está separada por completo de la matriz que le dio la vida, no tenía ningún apelativo específico cuando la
Astrología era ya una ciencia y una religión.
Con estas palabras tengo la intención de divulgar un
cúmulo de conocimientos, imprescindibles para entender y descifrar esta especialidad
adivinatoria, que a través del estudio profético de las relaciones angulares que se dan entre los luceros del cielo es capaz de
predecir el futuro, examinando atentamente los cuerpos sidéreos, determinando sus posiciones y aspectos y valorando la fuerza de su influjo sobre las actividades cotidianas de los seres humanos.
Saber escoger correctamente una especialidad connatural significa encontrarse ya en la mitad de un camino agradable, facilitado aún más por la aplicación de lecciones y enseñanzas. La interpretación de la
Carta del cielo natal no es ni un juego de conjeturas sibilinas ni un proceso de intuición simple.
Para identificar bien las señales emanadas del
Zodiaco, que desde hace miles de años se advierte cómo encadena a cada persona con su destino, es necesario poseer una competencia profunda sobre análisis comparado, establecido con respecto a diversas ciencias racionales.
Además, hay que informar sobre los elementos naturales, de modo que los
símbolos zodiacales van agrupados de tres en tres:
Orden de los planetas en el Zodiaco
Los antiguos conocieron el
Sol, la Luna y cinco planetas, que fueron situando a lo largo del
Zodiaco. Según su distancia progresiva hasta el astro rey. A su izquierda se ubican:
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Repiten el camino a la derecha de la
Luna, donde los encontramos de nuevo:
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.
Cada uno de estos cuerpos celestes se adjudica a dos
signos zodiacales, radicados al este y al oeste de ambos luceros mayores. La secuencia lógica la debemos en gran parte a los expertos que se han dedicado a la
Astrología en nuestros días (sobre todo al francés
Andrés Barbault). El descubrimiento de los tres últimos planetas:
Urano.